La barrera invisible (1947)

Tras la II Guerra Mundial se abría una nueva época en la política internacional y en la política estadounidense. Comenzaba el acercamiento, a lo que sería en el futuro, el estado de Israel y se comenzaba a contar el sufrimiento de los judíos y denunciar su discriminación.

En este contexto, en 1947 se estrena La Barrera invisible dirigida por Elia Kazan (La ley del silencio, Un tranvía llamado dese, etc) y protagonizada por un formidable Gregory Peck. La película tuvo cinco nominaciones a los Oscars y se llevó tres, entre ellos, el de mejor película.

La película narra la historia de un periodista de éxito que se muda a Nueva York para trabajar en una nueva revista. Cuando llega a la ciudad le encargan una serie periodística sobre el antisemitismo, un tema muy tratado en la época. Philip Green (Gregory Peck) quiere hacer un artículo diferente a todos los que se han hecho hasta el momento sobre el antisemitismo. Por eso, decide hacerse pasar por judío y sentir los que sienten los judíos en su día a día.

La película es muy humanistas centrándose en la superación de las razas y credos religiosos y haciendo hincapié, en lo que llama el protagonista, los valores estadounidenses y en la superación de los prejuicios. El film habla todo el tiempo del peligro de acabar con el excepcionalismo americano, si los propios estadounidenses dejan atrás los valores q
ue le hacen una gran nación. Película que no se puede explicar sin contextualizar en esa época de pos- guerra donde los peligros del nazismo y del antisemitismo están muy cercanos en el tiempo.

De una base no muy estimulante (historia con trasfondo muy repetido en la historia del cine) la película da un giro al argumento y crea una historia dramática con mucho significado y muy polémica para su época. Con gran afán moralizante y educativo , además de ser muy crítico con la sociedad estadounidense de su tiempo.

“De una base no muy estimulante (historia con trasfondo muy repetido en la historia del cinela-barrera-invisible) la película da un giro al argumento y crea una historia dramática con mucho significado y muy polémica para su época”

La película tiene como principal problema su estructura repetitiva y lineal que solo se ve rota en su tramo final. Pero, sin duda, vale la pena verla en la actualidad para ver las actuaciones y hacer un ejercicio histórico. Magnífico trabajo de un inmenso Gregory Peck, con un Elia Kazan que era un gran director de actores y que sabía sacar lo mejor de ellos.

El director consigue, con el punto de vista de la película, hacer que el espectador, sea de la religión que sea,  se identifique con el protagonista. Con esto consigue que seamos muy críticos con todo lo que sucede en la película y, también, seamos críticos con la sociedad y en cómo nos podemos comportar.

Sin duda, una película fundamental, sobre todo, para explicar el contexto que vivía la sociedad estadounidense en esa época. Ese acercamiento al pueblo judío que se veía arrastrado por los numerosos prejuicios todavía existente en la sociedad estadounidense y entre los mismo judíos.

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